El Bañuelo, el hamman con 10 siglos de historia que se oculta a los pies de la Alhambra

Oculto por su modesto aspecto exterior, el Bañuelo pasa desapercibido a la los miles de turistas que cada día pasan por su puerta. Claro, resulta muy difícil que una sencilla fachada compita en la Carrera del Darro con la imponente Alhambra que se alza al otro lado del río sobre la colina roja.

Sin embargo aquellos que se aventuran a traspasar el dintel de su puerta descubren un rincón lleno de belleza, paz y armonía. Un rincón que nos transporta a la Granada musulmana y que nos invita a imaginar los ruidos del agua, los aromas de las esencias y el murmullo de alguno de los vecinos del barrio que con frecuencia acudían a disfrutar de sus salas.

El Bañuelo es uno de los más bellos y mejor conservados ejemplos del Hamman andalusí. Su construcción data del siglo XI, en plena época Ziri, cuando entro en funcionamiento para dar servicio al barrio de “Rabad Hazarris” de los Axares. Sus vecinos lo conocían como Hammān al-Ŷawza o baño del Nogal, si bien a lo largo de su historia ha cambiado de nomenclatura y ha sido llamado Baño de Palacios o Baño de la Puerta de Guadix.

Diferentes salas, diferentes temperaturas: Así eran estos baños árabes

Situado frente al Puente del Cadí, que permite acceder a la margen izquierda del río Darro, el Bañuelo se encuentra en el número 31 de la que para muchos es la calle más bella del mundo. Al entrar lo primero que encontramos es un pequeño patio con una alberca. Desde este pequeño recinto se accede a la sala principal que dispone de una bella e interesante arquería en tres de sus lados. Aunque no lo parezca, en esta sala se condensa buena parte de la historia de la ciudad pues en su construcción se reutilizaron capiteles romanos y visigodos.

El edificio cuenta, además, con otras dos salas cubiertas, una inmediata al acceso, y otra análoga, detrás de la principal, siguiendo el esquema típico de aguas de las termas romanas. El agua se calentaba mediante un horno y circulaba desde la zona mas cálida hacia la más fría creando así diferentes espacios.

Como siempre gracias al arte podemos obtener interesantes datos acerca de la historia de este monumento. Los autores románticos que llegaron a Granada en el S.XIX nos legaron, sin saberlo importantes testimonios. Así, en un grabado de G. Prangey, realizado 1837, aparece en medio de la sala principal una gran alberca junto a la que reposan algunos vecinos. Una imagen que nos invita a soñar despiertos y recrearnos en este escenario de auténtico cuento.

Volver arriba